jueves, 12 de septiembre de 2013

Hoy

Me parece impresionante lo pedante que puede llegar a ser una persona con lo que se cree que es suyo, porque yo creo que las puertas de una casa son de la casa, no de la persona que las usa. Creo, vamos, a lo mejor me equivoco. Pero como mucho es de la persona que paga esa puerta.
El caso es que hoy me desperté, como de costumbre, de momento aún me despierto cada mañana para rme a dormir cada noche. El caso, que me desperté y empecé a hacer las cosillas que tenía que hacer en la casa. Mi madre no estaba disponible y mi padre fuera de cobertura, con lo que yo tenía que limpiar toda la casa, como de costumbre, la verdad. Pero aún así yo me quejo cada día, para expulsar toxinas o lo que se supone que se expulsa cuando despotricas sobre la mopa, que se pega el polvo, o los guantes, que te hacen sudar. Despues de hacer mis quehaceres, e dispuse a subir las escaleras para ir al ordenador, pero me di centa de que mi querida hermana estaba aún durmiendo, o rascándose la barriga, o holgazaneando, como iempre, para escaquearse de las tareas. A regañadientes, le cerré la puerta para no molestarla, porque lo último que quería era una bronca estúpidamente innecesaria de mi hermana por hacer ruido escuchando música que a ella no le gustaba. Bien pues, estuve un buen rato en el susodicho ordenador, cuando me percaté de en la habitación en la que yo dormía estaba la cama sin los cojines puestos, porque los había puesto a ventilar. Bajé de nuevo, y llevé los cojines. Como había apagado el ordenador, me puse a ordenar los cajones, porque no tenía nada mejor que hacer, y si no lo hacía, mi madre criticaría un "mal trabajo en la casa". Al poco rato, mi hermana abrió la puerta de la habitación, como un orangután, se sentó en mi cama recién hecha, deshaciéndola de inmediato, y me dijo toda chula, como es ella: "Ana, la próxima vez que cierres la puerta de mi habitación, me enfado". Le pedí una escusa a tal reacción, explicándole que sólo lo hice para no molestarla con mi música, y su respuesta fue: "Mi puerta está prohibida, ¿Entendido? No quiero que la toques para nada, y mi habitación tampoco. No quiero que entres en mi habitación sin permiso, y  mucho menos cuando no estoy o estoy dormida.". Menuda forma de apropiarse de las cosas que nunca serán suyas, dado que está desheredada.
Es decir, que según ella, tenía que enfadarla para hacer algo, o que si no no hiciera nada. Prefiero que se ponga roja y me grite a dejar de hacer algo que me gusta porque se crea que es la reina del mundo, sin obligaciones. Que por cierto, no exagero nada. Es consentida como ella misma por a simple razón de que tiene las piernas y los brazos de una manera que la discapacitan para algunas cosas. Y repito, algunas, no todas. Es curioso la forma en la que se escaquea de todo. No hace nada por el curso, repite luego el intentar estudiar, en vano, y aprovecha eso para no trabajar en casa, y una vez acabada esa monotomía de "no puedo hacer tal cosa porque tengo que estudiar", "Estas viendo la televisión.", "En un rato empiezo. ¿Es que no puedo ni descansar? ¿Y tu no tienes ninguna tarea que hacer?", "Yo también estoy descansando", "Ah, muy bien, holgazaneando mientras papá y mamá trabajan sin parar, que buena hija", "Como vuelvas a decir eso, vaga de...", "Vaga de...¿Que, Ana? No te atreves a amenazarme, por muy inutil que sea hacerlo. " Tiene la otra exuca de que le duelen las piernas, que las tiene que tener en algo y tiene que estar tumbada, para que nuestros padres se maten a buscarle una solución totalmente innecesaria, y en cambio cuando llaman, para cogerle el teléfono a su novio, o a quien quiera que sea, bien que corre. Pues bien, luego, ¿Quien se lleva el marrón de que nadie le cree a  lo que dice y se enfadan con ella? Pues eso.
Que nada, que despotricar mientras paso la mopa es más dificil que escribir esto, así que a lo mejor me acostumbro y todo.

Ala, Aburr.

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